viernes, 2 de diciembre de 2016

¡Increíble trabajo de los voluntarios de olVIDAdos!

¡Impresionante anoche, chicos! En nuestro almacén junto al campo de Katsikas se cargó un tráiler con todo tipo de productos para Tesalónica, Lesbos y Siria. Fue de 19.00 h a 00.00 h de la noche, estábamos a 4 grados y sin luz, sólo con los faros de los coches!!
Nuestras maravillosas chicas de olVIDAdos, Paty, Marta y Deborah junto a Salam y 8 voluntarios refugiados de Tesalónica,
pasaron un frío impresionante. Fue una paliza que mereció la pena, ¡pues todo llegará a donde más lo necesiten!
¡Gracias a este equipazo por hacerlo posible!




martes, 29 de noviembre de 2016

olVIDAdos CONTINÚA EN GRECIA DISTRIBUYENDO ALIMENTOS EN LAS PUERTAS DE LOS CAMPOS

COMUNICADO 



29 de noviembre de 2016.-En el mes de noviembre la asociación olVIDAdos se ha visto obligada a salir de los campos de refugiados y a suspender las acciones que hasta el momento   y desde hace 8 meses-  venía realizando dentro de los diferentes campos de la región de Epiros, Grecia.

Uno de los factores que han influido en esta decisión, ha sido el cambio en la legislación griega respecto a la ASISTENCIA HUMANITARIA A LOS REFUGIADOSpues esta nueva normativa, obliga a todas las ONGs, a registrarse y obtener un CIF griego para poder actuar dentro de aquellos campos de refugiados gestionados por el ejército y el Ministerio de Inmigración. La actuación dentro de los campos está siendo cada vez más compleja.

Los trámites para regularizar la situación de olVIDAdos en Grecia ya se han iniciado pero, al tratarse de una cuestión burocrática, requieren su tiempo. Por otro lado, los campos están viendo disminuida su población porque los refugiados, debido a las precarias condiciones de los asentamientos iniciales están siendo realojados en hoteles pero siguen necesitando acompañamiento y cuidados.En algunos casos, estos hoteles, se encuentran en zonas de montaña de difícil acceso.

Las mujeres refugiadas que necesitan asegurar los alimentos y pañales para sus bebes nos han pedido que se prosiga con nuestra actividad de asistencia y distribución.

Desde olVIDAdos queremos informar, tanto a nuestros donantes como a voluntarios y entidades, que vamos a continuar asistiendo a los refugiados en sus necesidades, y aunque de momento, las acciones de nuestro equipo dentro de los campos se hayan visto suspendidas, continuaremos con nuestro trabajo fuera de ellos. Hasta final de año seguiremos con las distribuciones de alimentos y ropa  que veníamos realizando, aunque, a partir de ahora, los repartos se harán a las puertas de los campos, siempre y cuando se nos permita hacerlo.

En los campos de Katsikas, Doliana, y Farenomeni el equipo de olVIDAdos se asegurará de que haya alimentos y asistencia para los más vulnerables: bebés y mujeres embarazadas. Así mismo, y con el apoyo de ACNUR, se está estudiando la posibilidad de ayudar en los siete hoteles de Grevena en los que se ha realojado a una parte de los refugiados.

olVIDAdos y su equipo de voluntarios han procurado en todo momento dar lo mejor de sí mismos. Queremos agradecer la gran entrega de sus voluntarios, sin ellos y sin la confianza de todas las personas que desde muchos lugares  nos apoyan, el trabajo de atención a las necesidades de los refugiados no hubiera sido posible.

Durante este tiempo ha habido momentos difíciles, y hemos tenido que trabajar en precario pero continuamos con nuestro compromiso hacia los refugiados. Seguimos estando a su lado porque son los que necesitan todo nuestro apoyo.

Finalmente queremos agradecer las muestras de comprensión recibidas en estos momentos por parte de refugiados, nuestros voluntarios, voluntarios independientes, donantes, ONGs pequeñas y entidades en general.  

Desde olVIDAdos iremos informando de los avances que se produzcan, así como de los nuevos proyectos que se realicen en el futuro.

A todos muchas gracias.


Junta directiva de olVIDAdos

martes, 15 de noviembre de 2016

Lo que está ocurriendo en los campos del Norte de Grecia este otoño





Muchas cosas están cambiando con la llegada del otoño en los campos de refugiados del norte de Grecia. Desde final de verano los propios refugiados y asociaciones que trabajamos juntos allí veníamos reclamando medidas urgentes para el invierno. Los campos y las tiendas no están preparadas para las bajas temperaturas y las lluvias y muchas personas no iban a sobrevivir un invierno a la intemperie. 

Desde hace unas cuantas semanas ACNUR ha empezado a recolocar en hoteles y albergues de montaña a las familias más vulnerables, principalmente mayores, mujeres solas con niños o personas enfermas. Esto está ocurriendo en los campos de Katsikas,  Filippiada y en el campo de los Yazidíes, donde Olvidados apoya. El campo de Tsepelovo se está vaciando.  Las personas que quedaban están siendo realojadas en hoteles. Desgraciadamente tenemos menos comunicación con las personas reubicadas, pues se encuentran en otras zonas, pero sabemos que están contentas por tener un techo, un baño y no pasar frío. La parte negativa del realojo es que muchos nos cuentan que se sienten aislados, no tienen actividades diarias como tenían en el campo ni espacios de esparcimiento y echan de menos el contacto con los voluntarios. 




Ahora mismo lo que más nos preocupa es su acceso a la sanidad. Las organizaciones responsables no están cubriendo debidamente el área médica, traslado a consultas médicas, entrega de medicamentos y seguimiento de casos dedicados. El mayor inconveniente es la lejanía de los centros médicos y aún no se han establecido líneas de trabajo con las entidades responsables.

El trabajo de Olvidados continúa en los campos, aunque hayan disminuido las personas aún quedan miles a las que apoyar. Concretamente en Katsikas se ha acondicionado, con el apoyo de voluntarios y ONG una nueva escuela en el almacén, y se continúa dando ropa de invierno en la tienda y apoyando con repartos de comida. Con el programa halib halib seguimos dando leche infantil, cereales y galletas para los desayunos escolares. 

La mayor novedad, es que, después de mucho lucharlo, se han instalado en el campo de Katsikas contenedores a modo de viviendas, para resguardar a las personas del frío. Actualmente hay para alojar a 50 familias, pero se espera que pronto puedan llegar más. Aunque no tienen electricidad todavía, es un gran avance, pues muchas familias estaban enfermas debido a enfermedades respiratorias y al frío que pasaban en las tiendas. 


Todo está cambiando en estos meses, pero olVIDAdos seguirá apoyando en este escenario cambiante. En estos momentos olVIDAdos ha salido del campo de Filippiada, donde las relaciones con los militares no han sido fáciles. Se está pensando ampliar el programa Milky Way a los hoteles donde están las familias y  proporcionar pañales, compresas, leche infantil a familias con bebés a las personas realojadas, que ahora mismo no ven cubiertas sus necesidades. También se espera estrechar la relación con las entidades que atienden a los refugiados en los nuevos alojamientos para asegurar su atención médica. 

¡Os seguiremos informando!



sábado, 5 de noviembre de 2016

Refugiados en Grecia: soñando con no ser olvidados





Salma solo tiene 1 año pero ya sabe mucho de la vida. Nació en uno de los más de 50 campos de refugiados de Grecia. Salma y su familia forman parte de una gran comunidad de casi 400 personas provenientes principalmente de Siria, Kurdistán y Afganistán.


Cuando amanece, Salma despierta y con sus grandes y verdes ojos contempla como los primeros rayos de sol dan forma y color a su jaima: Una tienda de lona y hierros repleta de sueños, mantas y algún juguete. Todavía no sabe andar, así que depende de su madre y sus hermanos para todo. Nunca conocerá a su padre y su hermana mayor; murieron durante un bombardeo.


Todos, a su vez, dependen de la ayuda y asistencia humanitaria que cada día proporcionan las diferentes instituciones y ONG presentes en el campo como Olvidados. Salma juega a diario con otros niños entre piedras, polvo y voluntarios que arrancan sonrisas y regalan abrazos. Le gusta que entre su gran familia estén también estos voluntarios. Desde los ojos de Salma todo brilla diferente, como brillan los ojos de su madre cuando piensa en el pasado: En su hogar, en la guerra, en los que se quedaron porque no pudieron pagar un billete a la mafia para atravesar el mediterráneo, en los que si pudieron pero se los tragó el mar, en los que, como ellos, ahora viven en este campo.


Ya es de noche en el campo. Hace frío. La madre de Salma la envuelve entre mantas y la lleva a su regazo. Está tan cansada que tarda poco en dormirse. Salma no sabe que pronto empezará a soñar con castillos, dragones y princesas, ni que le aguarda, si todo sale bien, un billete de ida a algún país europeo, donde será refugiada. Tampoco sabe que sus raíces están lejos, muy lejos de aquí.


Todo el campo duerme. Todos sueñan con lo que eran. Con lo que serán. Con no ser olvidados.



Rafael Merino Rus


Campo de refugiados de Filippiada

octubre de 2016


(Salma es un relato ficticio que creó Rafael cuando estuvo en el campo, aunque existe una Salma en Filippiada y esta historia podría ser la de muchas niñas refugiadas :en árabe significa la mujer de la paz y la calma, de la esperanza).

domingo, 14 de agosto de 2016

Qsaae Hassan no puede ir a Río. Ni a Alemania.



Cuando Qsaae Hassan (27 años) pesaba 120 kilos y vivía feliz como deportista profesional en Damasco nunca pensaba que la vida se le podía torcer de esta manera. Las cosas le iban relativamente bien, a pesar de ser refugiado palestino en Siria. Trabajaba en un gimnasio y era entrenador de pesas además de ser un prodigio en el lanzamiento de disco y del tiro con piedra. Llegó a ser el campeón de su ciudad y viajaba a numerosos campeonatos en el país. Pertenecía a una familia de amantes del deporte.

Entonces empezaron a caer las bombas. Cuenta que el gimnasio en el que entrenaba pertenecía al entorno de Al Asad. Si ganabas, todo iba bien, pero si perdías, te jugabas la vida. Tras perder un campeonato en 2015, la policía le retuvo y le encarceló durante los 10 días más largos de su vida. Al salir lo tenía claro: debía huir. Contactó con la mafia y escapó a Turquía con su mujer y su bebé recién nacido. El viaje no fue fácil. Cuando lo cuenta, sigue removiendo las entrañas: 2 meses a pie hasta Turquía evitando la policía. Estambul, luego Izmir. Hasta 10 veces intentó el salto a Europa, pero no fue fácil. Europa paga a Turquía para que controle su frontera y los refugiados no pasen.  Su bebé tenía dos meses cuando cruzó en balsa hinchable. Dice que las olas les hicieron temer por su vida. Había mar, hacía frío.

De ahí una historia parecida a otros refugiados: Isla de Kíos, campo de detención, traslado en ferry a Atenas. Ya tenía el futuro en sus manos: la frontera con Macedonia. Pero el destino no estaba de su lado. La frontera estaba cerrada . La policía les recogió en Atenas y les prometió un hotel para ducharse, descansar y cenar, como merece quien ha hecho un viaje tan terrible. Lo que la policía griega hizo, no debe olvidarse: les condujo 7 horas hacia el norte y les dejó tirados al filo de la madrugada en el pedregal de Katsikas con unas cuentas tiendas y un par de colchones dentro. Hacía un frío tremendo ese 19 de marzo. Sin electricidad, sin comida en algunos casos. Eran un millar y había dos duchas de agua helada. Cinco baños.  

Qsaae Hassan sigue en el campo de refugiados de Katsikas desde ese 19 de marzo y vive en una tienda de 4x3  metros con su mujer Allae (21 años) y su hijo Taeem (11 meses).



Como muchas personas en el campo está deprimido y que en los últimos meses ha perdido 20 kilos. Sueña con tener un baño, una cama normal y no soportar la lluvia, las inundaciones y las serpientes. La comida terrible del ejército. La humillación de tener que pedir todo a las ONG que trabajamos allí.  La desesperación de no saber qué va a ser de él. Se levanta tarde y no tiene motivación en este campo. Sólo sueña con entrenar y sonríe tímidamente enseñando sus fotos en Siria.

Durante algunos días intentó recorrer los 15 km que le separan del campo de atletismo más cercano pero el sol y el calor infernal que pasa ahora en verano le desmotivaron.

Los voluntarios del campo le intentan animar para que salga de la tienda. Hace unas semanas gracias al apoyo de los voluntarios y de las ONG del campo se ha construido un gimnasio y allí lo ves entrenando si tiene un buen día. 

Hassan es un titán pero es una de las más de 500  vidas truncadas en Katsikas. El nunca podrá ir a Río. Pero esperemos que al menos pueda seguir su sueño olímpico en otro país que le acoja.

Un boxeador en el campo
Rahim Ahmadi (33) comparte gimnasio con Qsaae pero su fuerte es el boxeo. Lo lleva en las venas. Y lo sabe todo aquel que pasa por el gimnasio de Katsikas a las 7 pm cuando  baja el calor.  Allí entrena y te invita a pasar y a ponerte los guantes. En Iraq era refugiado (su familia huyó de Afganistán por la guerra). Trabajaba como entrenador de boxeo y formaba parte del equipo nacional de kikboxing.  Rahim es afgano, una minoría despreciada en Iraq. Luchó como buen deportista que es  y consiguió reconocimiento. Pero cuenta sus dificultades para encontrar gimnasios donde entrenar.

Su hijo pequeño tiene fenilcetonuria, una enfermedad del metabolismo que afecta al cerebro y necesita una alimentación especial los primeros años de vida. Sin tratamiento la enfermedad puede producir graves discapacidades mentales y motoras. En Iraq no tenía tratamiento.


De Iraq fue al Kurdistán y cruzó las montañas con sus niños, de 5 y 2 años. Dice que en Katsikas está mejor, porque aquí nadie le insulta por ser afgano. Una donación recibida por una persona voluntaria apoya el tratamiento de su hijo y eso le alivia. No tiene pasaporte así que ya no puede volver a Afganistán y se encuentra varado en Katsikas esperando pasar a algún país europeo donde pueda entrenar y ser parte del equipo nacional. “No es un sueño, es un objetivo”, dice con una mirada que hace pensar que este deportista puede conseguir todo lo que quiera. 

viernes, 12 de agosto de 2016

En Katsikas hay mucho arte




Huyeron de las bombas, recorrieron miles de kilómetros andando con sus familias, cruzaron en zodiac mares;  viven en un pedregal y en una tienda de campaña, pero nadie les ha quitado su pasión por el arte. Kuwa, Walaa, Toni, Sulaf o Ahmed son algunos de los artistas del campo de refugiados de Katsikas y ayer vivieron uno de sus días más especiales. Cientos de personas se congregaron en una de la carpas comunitarias para inaugurar una exposición de 25 de sus mejores obras creadas en el campo. 

Ilustraciones sobre su ruta migratoria, expresiones de angustia con clara influencia de Munch o Goya, retratos de la vida diaria en Katsikas, palomas de la paz, agradecimientos a las personas voluntarias  o recuerdos de Palmira: en la exposición se contaba a través del arte toda una experiencia de vida, de sueños y de profundo dolor. 


Durante casi 3 horas más de 400 refugiados y voluntarios pasaron por la carpa para contemplar los cuadros e ilustraciones en un acto que ayudó por unos momentos a olvidar la penosa rutina del campo. La inauguración terminó con un concierto de laúd organizado por los kurdos y con cánticos de los niños y niñas del campo. Y es que en Katsikas, en medio de tanto sufrimiento hay mucho arte.


El refugiado que quería ser como Goya

Kawa (34)  guarda en su tienda, como un tesoro, un libro de ilustraciones de Goya que le regaló un voluntarios de la ONG Olvidados. Dice que es uno de los pintores que más admira. En Haseke (Syiria) donde vivía, sufría persecución por parte del ISIS, que hostigaba a los kurdos por no ser musulmanes. No tenía libertad para pintar. Escapó y vivió durante tres años en campo de refugiados en Iraq junto a su mujer Ahin y sus 3 hijos. Ahí no tenía dinero, ni trabajo y tras pensarlo muchos meses decidió pagar a la mafia y seguir el camino a una vida mejor.

Tras vender el oro que tenían y pedir prestado dinero, pagó los 10.000 euros que costaba el viaje hasta Europa. En Turquía estuvo 15 días en un centro de internamiento que denomina “cárcel”,  durmiendo en una silla de un polideportivo, sin acceso a ducha ni a comida en muchos casos. Pagando a los militares para poder salir a tomar aire fresco porque allí se hacinaban 2.000 almas.

Kawa parece un buen hombre que vive el encierro en Katsikas como un paso para una vida mejor. Y cuando le preguntamos cuál es su sueño dice que la libertad para su pueblo. Luego se queda pensativo y dice que también quiere descansar y encontrar un lugar para pintar y pintar. Que su pasión por el arte no es un deseo sino una necesidad.

Una pintora enamorada

Walaa  (23) dice que hoy es uno de los días más bonitos de su vida y con su historia se podría escribir una novela romántica. Lleva 4 meses en el campo de refugiados de Katsikas pero hoy está en el paraíso. Inaugura la exposición con sus cuadros y ha llegado a visitarla al campo el amor de su vida. Es un alivio que en medio de tanta angustia encontremos una historia feliz.



Su novio decidió salir de Siria cuando la guerra estaba avanzada, hace 3 años y consiguieron unos papeles de matrimonio para que él la reagrupara desde Alemania. No les dio tiempo a casarse religiosamente como querían. Tras 3 años de espera y desesperación burocrática los papeles no salían y ella decidió dar el salto y realizar un peligroso viaje a Europa con la mafia. Dejó atrás su carrera en Bellas Artes, abandonó su trabajo como profesora de arte, que le encantaba. No podía vivir sin estar con su prometido y exponerse a morir bajo las bombas. Viajó sola por las montañas en una ruta que se repite en el campo de Katsikas. Siria, Estambul, Izmir, Kyos, Atenas. 

Con la frontera cerrada y sin posibilidad de salir de Grecia fue confinada a Katsikas, un pedregal en el norte del país en la frontera con Albania. Recuerda que, cuando llegaron al filo de la madrugada el 19 de marzo, quería morir. Tuvo que dormir en la calle, sobre las piedras, pasó frío y hambre. Pero ella sabía que era el precio que tenía que pagar conseguir su sueño. 


Hoy después de mucho tiempo está contenta. Sonríe con los ojos, con la boca, con todo su cuerpo. No puede dejar de agarrarse al brazo de su amado. El 26 de agosto tienen cita en la embajada de Alemania en Grecia para formalizar su matrimonio y proceder a la reagrupación. Espera que a principios de septiembre puedan ir juntos a Alemania. Y volver a Siria cuando acabe la guerra para ayudar en la reconstrucción del país. “El amor hizo el milagro”, nos dice al despedirse sin separarse del que pronto será su marido. 





viernes, 5 de agosto de 2016

3 agosto: el grito silenciado de los yazidíes

Los yazidíes forman una minoría religiosa preislámica cuyas raíces se remontan a 2000 a.c. Hasta el siglo VII d.c. fue la religión oficial de los kurdos, pero luego la islamización obligatoria fue reduciendo su número.

Tras la persecución del Ejercito Islámico (ISIS), que llegó a su punto álgido el 3 de agosto de 2014 con la matanza que se produjo en Sinjal, Irak, 234 yazidiés se encontraron en Pireo y decidieron emprender el viaje juntos. A dos años de la tragedia se han convertido en una familia que no puede olvidar lo que sucedió ese día. El ejército islámico que había pedido su conversión bombardeó su ciudad, poco pudieron hacer, estaban desarmados. Violó y decapitó a muchos amigos, familiares, vecinos y desconocidos. 5000 mujeres y niños/as fueron secuestradas y escondidas en algún lugar de Irak, donde se les vende por armas y se les confina-nos cuentan- en lugares inmundos donde sólo pueden acceder a la ducha a cambio de ser violadas.

La comunidad yazidí abandonó hace un par de meses el campo de refugiados de Katsikas después de recibir pintadas amenazantes y se encuentran en un antiguo edificio abandonado a las afueras de Ioaninna.  La ONG olVIDAdos  les visita regularmente y les apoya con productos de higiene y limpieza, fruta y leche infantil, así como ropa y zapatos. “La comunidad yazidí está muy unida. Son como una gran familia y nos hacen el trabajo muy fácil. Son las personas con menos fondos económicos, los que menos piden y los mejor organizados. Nunca tenemos que hacer una distribución como tal, sólo les damos los productos que nos han pedido y ellos los reparten entre todos equitativamente. El principal problema es que están aislados  y tienen un futuro incierto”, explica Andrea de la ONG olVIDAdos.



El pasado 3 de agosto nos transmitieron su pena.  Realizaron un homenaje vestidos con camisetas blancas pintadas con la fecha del día que siempre les acompañará. No quisieron recordarlo solos, invitaron a voluntarios y medios de comunicación. Recordaban a sus madres secuestradas, a sus padres muertos y se reunieron en círculo llenos de lágrimas y mostrándonos fotos del éxodo y algunas de lo ocurrido que aún nos escuecen.

“Vi a un hombre mayor yazidí que conozco que lloraba como un crío recordando a sus padres”, explica Andrea.

Los  yazidíes eran un pueblo alegre. Queremos unirnos a su recuerdo y que el mundo sepa de esta infamia. No merecen pasar por lo que han pasado. “No he vuelto a cantar desde lo que pasó”, comentaba una de las abuelas del campo.