martes, 5 de abril de 2016

Patricia una voluntaria narra su experiencia en el campo de Ióanninna

Patricia ha estado como voluntaria colaborando con olVIDAdos en el campo de refugiados de Ióanninna en Grecia. Si te interesa ser voluntario sobre el terreno o colaborar con nosotros, lee este enlace.


KATSIKA

Todos los viajes tienen un comienzo y un fin, pero éste, por sus implicaciones, tiene un continuará.

Primer día en el campamento

El suelo es un barrizal cubierto de roca para que drene algo. Y las tiendas de campaña están asentadas sobre él sin base. Es decir, duermen todos en sacos mojados sobre las rocas...

Somos de los primeros voluntarios en llegar y, como la municipalidad está desbordada, nos han pedido que organicemos al resto de voluntarios que vayan llegando.

El campo lo guarda el ejército, bastante majos todos, y nos dejan una tienda para empezar a montar el chiringuito.

Después de un par de horas intentando poner orden a las ideas decidimos dar biberones, leche, pañales, medio plátano y galletas para los niños, identificándolos por el número de tienda. Hay afganos y sirios, y pocos hablan inglés, así que la entrega es lenta.

En general, salvo algún listillo, son súper ricos, están más limpios de lo esperado y esperan bajo la lluvia a que les toque turno. Porque, no os he dicho que esta zona es como la Galicia de Grecia.... Todo el puñetero día lloviendo. Así que es imposible mantenerlos secos.

A pesar de las carencias que tienen no se abalanzan (si yo tuviera niños en estas condiciones no hubiera aguantado tan educada).
Los medios plátanos que dábamos no nos llegaron para todos.

No hay agua caliente, así que, mañana vamos a intentar bañar a los bebés, que les haga un pequeño reconocimiento el doctor y darles más leche.
También intentaremos potenciar la lactancia materna, aunque cualquiera saca la teta con este frío.
Lo tengo metido en los huesos, solo que yo ahora me doy una ducha caliente y me meto en mi cama.
Y ellos siguen andando sobre el barro con chanclas o botas agujereadas, y durmiendo sobre las rocas mojadas.




Segundo día en el campamento

Empezó lloviendo a mares, así que decidimos dar leche caliente, manzanas y té para niños y adultos en una tienda y los productos de bebé en otra. Las medias manzanas que les damos serán la única aportación de fruta que van a tomar hoy. Como no tenemos infraestructura, cada vez que damos algo caliente tardamos una hora en prepararlo, porque para hervir el agua usamos hervidores eléctricos de uso casero, que calientan 1,5 litros y si ponemos varias se nos funden los plomos (hoy he subido el diferencial más de 15 veces).


Los refugiados (la verdad es que no me gusta definirlos así porque ya les vamos poniendo caras y nombres) son encantadores, nos agradecen que vayamos allí y tenemos varios ayudantes que se desviven por facilitarnos las cosas (cuando somos nosotros los que deberíamos facilitárselo a ellos).

Uno de los niños que están en el campo me ha enseñado el vídeo de cómo vino el en una barcaza con sus padres, una odisea que no se si repetirían si vieran lo que les esperaba (seguramente tendrían que volver a hacerlo).

A mediodía ha salido el sol mientras el ejército les repartía la comida, la única templada del día.



Por la tarde hemos vuelto a hacer té y leche y en lugar de galletas les hemos hecho sandwiches con crema de chocolate. Las caras de alegría de la mayoría al ver el chocolate han sido la recompensa del día.

Mientras terminábamos de repartir algunos hombres nos han hecho un baile típico, premiado con los sandwiches sobrantes.

Antes de irnos, ya caída la noche, hemos dado un paseo por las tiendas. Hace un frío que pela y han hecho muchas fogatas con los palos que se encuentran por los alrededores del campo. Lo malo es que cada vez tienen que irse más lejos para encontrarlos. Hoy el padre de una familia bastante numerosa ha tardado más de una hora para traer 4 palos con los que calentar a su gente.

Nos han invitado a calentarnos con ellos y nos han ofrecido café turco. La verdad es que por donde vamos nos ceden su sitio en el fuego y nos ofrecen las cosas que les damos a ellos.

Otra familia estaba cocinando verdura, ya que, la comida sana brilla por su ausencia y los que tienen algo de dinero se lo gastan en eso. El ejército le da a cada uno un zumo y bocadillo con sucedáneo de pollo para cenar.

Con el frío que hace hubiera venido mejor una sopita.



Tercer día en el campamento


Hoy ha salido el sol casi todo el día, pero por la mañana casi no me ha dado tiempo a verlo con la entrega de comida, pañales y demás necesidades de los bebés. Anoche dio a luz una embarazada en el campo, pero el bebé vino muerto.... Ni que deciros la tristeza.

A las pocas embarazadas o recién paridas intentamos darles lo que nos pidan. Bastante incómoda es la situación para todos, imaginaos en ese estado.

Los baños de bebés se retrasan, ya que, seguimos sin tener una tienda con calefacción y con este frío no podemos bañarles. Por supuesto no hay forma de darse una ducha ya que solo hay agua fría.

Hemos hecho leche y té (agua manchada) casi todo el día. Por lo menos pueden tomar algo caliente y el té es importante para ellos.

Nos ha hecho de traductor un chico sirio de 27 años, estudiante de farmacia que salió de Siria porque le obligaban a entrar en el ejército. Su novia perdió el bebé que esperaba en un bombardeo a los 8 meses de gestación. Es educadísimo y me ha preguntado que cuanto tiempo iban a estar aquí..... Le he dicho que no lo sabía pero que no me parecía que fuera a ser corto plazo. Dijo que si hubiera sabido lo que le esperaba no se hubiera ido nunca de Siria, que hubiera preferido morir allí. Aun así me saluda con una sonrisa cada vez que le veo.

Hay otra familia Siria con 4 niños de 6 meses a 4 años que no puede entender cómo han llegado a esa situación. Cada vez que veo al bebé, una niña preciosa, me dan ganas de llorar de que esté rodeada de tanta miseria y tan poca esperanza.



La gente mayor solo piensa en volver a ver a sus hijos (muchos tienen familia en Alemania) antes de morir.

Hay policía secreta dentro del campo y hoy no han dejado entrar a las cámaras.

Ha estado un representante de Oxfam examinando el campo y estaba horrorizado por la situación. Sin saneamiento, ni agua caliente, familias mezcladas, no hay zona de mujeres y niños, escasa recogida de basuras, poca comida, barro.... El ejército hace lo que puede bastante eficientemente, pero no tienen los medios ni materiales necesarios.

Mañana vamos a intentar organizar juegos para los niños.


Y cuarto y último día en el campamento.

Hoy ha sido el día más duro emocionalmente, porque tengo ya confianza con muchos de ellos y me cuentan su vida, sus miedos, me preguntan cuándo van a salir de aquí.... Un chico de unos 20 años, después de saber que de momento no había ninguna alternativa viable de entrar en ningún país europeo, nos ha dicho con los ojos llorosos que qué pasaba con su futuro.

Otra señora mayor pidiéndome zapatos, para sustituir a los suyos agujereados, y un abrigo, porque va con un vestido y un chal, se ha puesto a mirar al horizonte y le caían dos lagrimones de rabia, por estar pidiendo lo que antes tenía, y de desesperación, porque por mucho que pide todo llega tarde y mal....

Una chica embarazada de dos meses por primera vez, me cuenta sus miedos de perderlo por el frío que pasa durmiendo encima de las rocas por las noches.

Una mujer de unos 35 años, con 4 niños de 6 meses a 3 años, sola. Dando el pecho mientras el de 3 años lloraba abrazado a su pierna.

Hay tantas historias desperantes y desesperadas, que me ha sido imposible no llorar.

Por otro lado estamos coordinándonos con los médicos del campo para localizar a las embarazadas y a las que dan el pecho y suministrarles, por nuestra parte, comida y, por la suya, suplementos.

Hoy se han organizado juegos para los niños y unos voluntarios griegos han traído un proyector, y mientras les dábamos té y leche, han estado viendo dibujos.




Un niño con su madre y su hermana pequeña han venido a traerme flores.

Aquí me llaman "Bati".

Y finalmente he conseguido aprender varias palabras en árabe y en farsi, gracias a la gente del campo que nos ayudan en las tareas. Palabras que habré olvidado en un par de días....
Me da tanta pena irme y volver a mi vida. Si no fuera por mis hijos me quedaría.
Mi última noche, por el momento, en Iaonnina.

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